sábado, 2 de enero de 2016

Capítulo 70

Capítulo 70
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El plan de Fernando

Cuando los labios de Marcia y los de Aldo entraron en contacto, el tiempo pareció pararse. Los dos sintieron un escalofrío correrle por la espalda y una sensación bonita en el estómago. Cuando sus bocas se separaron, los dos quedaron juntos de la frente, para tratar de retomar un poco de aire.

Aldo y Marcia quedaban aún con los ojos cerrados, quizás por prolungar esa sensación tan rara que los había investidos, y fue el sonar del celular de Marcia que los regresó a la realidad.

Cuando Marcia miró la pantalla de su celular, tragó saliva por el nerviosismo. Frente a la mirada interrogativa de Aldo, Marcia sentenció que quién la llamaba era su prometido:

M: Fernando...

Al oír ese nombre, la sonrisa de Aldo se desbocó hacia una de sus esquinas, como le era característico. Era claro como el sol que Fernando no encajaba en sus buenas gracias, sobretodo porque Leticia se encaprichaba a preferir al moreno en vez que a él.

A: Contéstale, yo te espero en la cocina

M: Sí...

Aldo se encaminó hacia la cocina mientras que Marcia lo miraba alejarse. Cuando la espalda del chef desaparició detrás de la puerta del salón, Marcia contestó a la llamada

M: ¿Bueno?

F: ¡Marcia! ¿¡Se puede saber dónde carajo estás!?

Marcia tragó saliva. Fernando parecía muy nervioso así que decidió que era mejor mentirle

M: Estoy en mi casa, Fernando

F: No me mientas, Marcia. ¡YO estoy en tu casa y aquí no están ni tus luces! Dime la verdad, por favor...

M: No estoy en mi casa, Fernando

F: ¿Ah sí? ¡No me digas! ¿Y se puede saber dónde demonio estás?

Marcia estaba empezando a fastidiarse. ¿Cómo se atrevía Fernando a hacerle semejante preguntadera después de todas las veces que ella lo había esperado en vano en su departamento?

M: Fernando, ¿Qué te pasa? ¿Se puede saber por qué estás tan nervioso?

F: Ja, ¿Quieres saber qué me pasa? ¡Me pasa que cada vez que vengo en tu departamento, no te encuentro aquí, que es donde se supone que deberías estar!

M: Fernando, te recuerdo que generalmente eres tú el que nunca está en su departamento...

F: Mira Marcia, no trates de voltear el tanteador en tu favor porque no tiene caso en este momento.... Es muy tarde y a esta hora deberías estar en tu cama durmiendo. ¿Me dices dónde estás o tengo que tratar de adivinarlo?

Marcia no pudo más que decirle la verdad. Obviamente no quería decirle que estaba en casa de Aldo, así que se limitó a decirle que estaba en casa de un amigo

F: ¿Un amigo? ¿Qué amigo?

M: ...no lo conoces

F: Ja, claro... En casa de un amigo que no conozco... ¿Acaso me estás tomando el pelo, Marcia?

Marcia se encomendó a todos los Santos del calendario para quedarse calmada. Razonar con Fernando, cuando estaba hecho una fiera, no era nada fácil...

M: No, Fernando, te estoy diciendo la verdad.

F: ¿Y no te has puesto a pensar ni por un momento que quizás yo podía estar preocupado por ti?

Marcia enarcó una ceja escéptica

M: ¿Tú, preocupado por mi? Ja ja ja no me hagas reír, Fernando. ¿Desde cuándo te preocupes por mi?

F: Desde siempre, Marcia. Y te recuerdo, por si acaso se te olvida, que tú eres mi prometida y que tienes a mi hijo dentro de ti

Al sentir nombrar ese tópico, Marcia tragó saliva. Siempre se sentía mal pensando que estaba engañando a Fernando, pero sabía también que, diciendole la verdad, Fernando la hubiera dejado para siempre para estar con Leticia, y ella no podía arriesgar de perderlo. Fernando era toda su vida desde cuatro años y, si él la dejaba, lo único que le quedaba era morirse. Por eso trató de modular su voz cuando le pidió disculpas

M: Lo siento, Fernando; no era mi intención hacerte preocupar...

Fernando suspiró hondo antes de hablar:

F: Entiendeme, Marcia; he intentado llamarte durante todo el día, pero tu celular siempre resultava apagado; vengo en tu casa para tratar de aclarar lo que pasó hoy en tu oficina, y me encuentro un departamento vacío tal como el cerebro de tu amiguita oxigenda y, cuando por fin me contestas, me dices que estás con un hombre que yo no conozco ¡y a esta hora de la noche!

De repente Marcia pareció entender la situación

M: Fernando... ¿No será que estás celoso?

F: ¿¡Yo!?

M: Sí, tú

Fernando lo pensó un momento. En efecto le fastidiaba mucho que Marcia estubiera a sola, con otro hombre, a esa hora de la noche...

F: Pues... Sí, Marcia. Eres mi prometida y mi futura esposa, así que es normal que yo esté celoso.

M: Que raro... Nunca has estado celoso de mi...

F: La gente cambia, Marcia...

Y esa era la verdad. Desde que había conocido a Lety, Fernando había cambiado muchísimo y, en ese momento, estaba verdaderamente preocupado por Marcia.

F: ¿Te tardas mucho con tu amigo?

Marcia lo pensó un momento. Saber que Fernando era celoso de ella, era una novedad y, si bien su corazón le gritaba de correr en sus brazos, su cerebro, mucho más reflexivo que su corazón, le decía que no podía dejar plantado a Aldo después de todo lo que él había hecho para ella ese día. ¡Y además tenían que hablar del beso!

Una vez reordenado sus ideas, Marcia le contestó a su prometido:

M: Fernando, lo siento mucho, pero me quedo aquí otro ratito más.

F: ¿Y qué va a pasar con nosotros? ¡Tenemos que aclarar lo que pasó hoy!

M: Lo que pasó hoy, en la empresa, fue una cuestión de hormones. Te pido disculpas por como actué y por como me escapé, pero, en ese momento, era lo que me sentía de hacer. No te preocupes, Fernando, mañana nos vemos en la empresa y, si quieres, vamos a aclarar todo

F: ¿Así que me dejes plantado?

M: No, Fernando; simplemente estoy posponiendo al día de mañana nuestra platica. Entiendeme... ¡No puedo dejar plantado a mi amigo!

Fernando empezó a encorajinarse. ¡A él no le gustaba para nada que lo dejaran plantado y menos por otro hombre!

F: Ja, ¡Claro! Como tú quieres, Marcia... ¡Quedate con él toda la noche si quieres!

Y así diciendo le colgó la llamada.

M: ¿¡Me colgó!? Ja, ¡Claro; al gran hombre no le gusta ser dejado en segundo plano! ¿Sabes qué, Fernando? ¡No me importa! ¡Así entiendes de una vez lo que siento yo cada vez que me dejas para correr detrás de las otras faldas!

Una vez devolvido el celular a su bolsa, Marcia se encaminó hacia la cocina para hablar con Aldo. El chef, mientras tanto, estaba emplatando la cena. Viendola llegar algo enfadada, Aldo se aseguró de su estado:

A: ¿Todo bien?

M: Sí...

A: ¿Segura?

M: No.

A: ¿Qué pasa, Marcia?

M: No sé... Últimamente Fernando se porta de manera tan rara... Primero me ignora totalmente y, cuando yo me enojo, entoces trata de convertirse en el novio más lindo del mundo

A: ¿Y cómo le hace para ser el “más lindo del mundo”?

M: Pues... En este caso se puso celoso cuando le dije que estaba en casa de un amigo...

A: ¿Así que para ti un hombre celoso se convierte en el hombre “más lindo del mundo”?

M: No, claro que no... Pero me alaga que Fernando sienta celos por mi; eso implica que al menos un poquito le importa de mi

A: Yo no estoy de acuerdo, Marcia. Por como yo la veo, la celosía es el veneno del amor...

M: ¿El veneno del amor?

A: Así es. Y creeme que sé lo de que te hablo... Pero no quiero hablar de eso, en este momento. ¿Qué te parece si mejor comemos? La cena está lista.

M: Sí, mejor...


En tanto, Fernando seguía en el departamento de Marcia y estaba hecho una fiera. No sabía porqué se sentía tan nervioso, pero la manera en que lo había dejado plantado Marcia lo fastidiaba mucho...

¿Quién era ese amigo misterioso? ¿Y por qué ella estaba a su casa a esa hora de la noche?

Tan nervioso estaba Fernando, que hubo la necesidad de tomarse un güisqui, a pesar de que eran varios días que no tomaba ni una gota de alcohol...


Del otro lado de la Ciudad, Lety estaba en su cuarto. Desde un rato había terminado de comer, junto a su familia, así que se había retirado en su recámara para relajarse un poco; después de todo había sido una jornada bastante llena en la oficina.
Luego de darse un regadazo, la presidenta de Conceptos se sentó en su escritorio para actualizar su diario:

Diario: Llegó el momento; el próximo lunes Fernando se irá de viaje a Estados Unidos para cerrar un negocio que le propuso el Señor Luciano de Krauss Publicidad. Se trata de un negocio que puede ser muy provechoso por la empresa, sobretodo ahora que se acerca la fecha del primer pago de la deuda... Sé que se trata solo de cinco días, pero, ¿Cómo voy a hacer yo sin él? Ay, ¡me parezco una niña pequeña teniendo esos pensamientos! ...Pero, cada día más, me doy cuenta de cuanto dependo de Fernando... Si lo supiera Aldo, seguramente me regañaría recordandome que no tenemos que depender de nadie, si no de nosotros mismos, pero... ¡Ay, no sé! Fernando se ha convertido en la persona más importante de mi vida, junto a mis papás, y siento que ya no puedo vivir sin él... Lo que me preocupa, es que tengo una mala sensación que me persgue desde unos días; como si estuviera en la espera de una mala noticia... ¡Ruego Dios que no sea así!

Después de haberse tomado un par de güisquis, Fernando logró tranquilizarse así que salió del departamento de Marcia y se subió a su coche. Su intención era regresar a su casa, ya que era bastante tarde para ir a por Leticia, pero, pensandolo bien, decidió cambiar de etapa así que manejó rumbo el departamento de su mejor amigo.

Una vez llegado en la hall del departamento de Omar, Fernando trató de pasar inadvertido pero Juaco lo cachó y, como siempre, no perdió ocasión para hacerle preguntas indiscretas:

Ju: ¡Don Fernando! ¿Esta noche está solito?

F: Sí, Juaco. Solo vine por hablar con Omar. ¿Está en su departamento?

Ju: Sí, Señor

F: ¿Y está solo?

Ju: Eso no lo sé; usted sabe que yo no soy nada metiche...

Fernando le contestó en tono socarrón:

F: Sí, claro Juaco, ni se diga... Que tenga una buena noche...

Despedidose de Juaco, el nuevo Vicepresidente se encaminó hacia el departamento de su amigo y hizo sonar la campanilla. Al segundo toque, Omar abrió la puerta.

O: ¡Fernando! ¡Hermano! ¿Qué te trae aquí a esta hora?

F: Mi dos piecitos y mi bebé, brother

Omar desorbitó los ojos

O: ¿¡Tu bebé!?

F: ¡Ehi! ¡Calme, hombre! “Mi bebé” es como yo le llamo a mi coche

O: Ah, bueno... Por un momento pensé que la gargolita estaba embarazada y que estaban esperando a una baby gárgola

F: ¡Omar!

O: Ops, perdón, Fernando; es que no me acostumbro a llamarla “Lety”

Fernando suspiró resignado

O: ¡Pero no te quedes ahí! ¡Sientate! ¿Qué te puedo ofrecer? ¿Un güisqui? ¿Un gin tonic?

F: Vaya por el güisqui... Hoy ha sido un día bastante pesado y necesito relajarme un poco...

O: ¿Problemas con tu gargolety?

F: ¿Cómo la llamaste?

O: Gargo.. ¿Lety?

Finalmente Fernando soltó una carcajada de corazón

F: Ja ja ja yo renuncio, Omar. Como sea no, no tuve problemas con Leticia. ¡Es con Marcia con la que tengo problemas!

O: ¿Con la Marcianita? ¿Qué hizo esta vez?

F: ¡Lo de siempre! ¡Empezó otra vez con sus paranoias! Y si no fuera bastante, hoy me dejó plantado en la oficina para correr en los brazos de su supuesto amigo...

O: ¿Amigo? ¿Qué amigo?

F: ¡Pues yo que voy a saber! ¡Ni siquiera sabía que Marcia tiene amigos hombres!

O: Y estás... ¿Celoso?

F: ¡Ay porsupuesto que no, Omar! Simplemente me molesta que no me quiera decir donde, ¡y sobretodo con quién está a esta hora de la noche!

O: Ja ja ¿Tienes miedo de que te pinte el cuerno?

F: Omar, ¿acaso te olvidas que yo estoy enamorado de Leticia? Lo que haga Marcia no me incumbe y, si quere tener relaciones con otro hombre, está libre de hacerlo. Solo estoy preocupado, ya que aún sigue con la historia del embarazo.

O: ¿Y tú estás seguro de que no sea la verdad?

F: ¡Claro que estoy seguro, Omar! ¿Por quién me tomaste? Desde la primera vez que he tenido relaciones, siempre me he cuidado con todas las mujeres con las que he estado

O: ¿También con Lety?

F: Claro, también con ella.

O: ¿Entonces por qué Marcia insiste con la historia del bebé?

F: No sé... Puede que se sienta amenazada por la presencia de Leticia...

O: ¿O sea que ella sabe que Lety es tu amante?

F: No, no creo... A esta hora no estaría vivo y Lety tampoco... Simplemente no la soporta y, viendo que ella y yo somos cómplices, hace lo que puede para tenerme de su lado. De cierta forma me siento un gusano... Si fuera por mi, le diría la verdad en vez de engañarla...

O: ¿Y quién te lo impide?

F: Lety. Ella quiere tener la situción tranquila, por lo menos hasta que pagamos la dichosa deuda de Conceptos.

O: No entiendo... ¿Qué tiene que ver sus historia con la deuda y la Marcianita?

F: Lety tiene miedo de que Marcia, dandose cuenta de lo nuestro, pueda decidir de aliarse con Ariel e ir en contra de la empreza y, como Ariel quiere dividir y vender Conceptos, Lety prefiere proteger a la empreza y a sus amigas que ahí trabajan.

O: ¡Eso es ridículo! ¡Marcia ama a Conceptos más que a su vida y nunca haría algo que pueda ir en contra de la empresa!

F: ¡Lo sé! Pero Lety no está tranquila con respeto a eso, y mi deber es hacer de manera que su mandado sea lo más tranquilo posible

O: ¿Por eso te estás portando así con Marcia?

F: Exactamente. Tengo que fingir que me quiero casar con ella, por lo menos hasta que saldamos la deuda...

O: Ja, mira la casualidad... Es exactamente lo que estabas haciendo la vez pasada con la gargolety...

F: Sí... Solo que esta vez me cuesta más porque Marcia, al contrario de Lety, está reaccionando de mala manera... ¡Hasta se inventó un hijo para tenerme cerca de ella!

O: ¿Y qué piensas hacer?

F: Por ahora seguir con el plan de Lety y luego, cuando la situción será más tranquila, me quiero casar con ella

Omar desorbitó los ojos y casi se atraganta con el güisqui

O: ¿¡Te quieres casar con la Marcianita!?

F: ¿¡Qué!? ¿Cómo crees que me voy a casar con Marcia?

Omar sumó dos más dos y finalmente llegó a la solución del enigma

O: ¿¡Te quieres casar con la gargolety!?


F: ¡Claro que sí, Omar!

O: Vaya... ¿Y ella está de acuerdo?

F: Espero que sí. Una vez resolvidos los problemas de la empresa, no hay nada que pueda impedir que nos casemos

O: Bueno, si eso es lo que quieres... ¿Y ya pensaste a cómo decirlo a tus papás?

F: Eso es lo que me interesa de meno. Yo me quiero casar con Lety y, si ellos no estarán de acuerdo, no me importa. Solo me importa de Leticia.

Omar asintió con la cabeza y volvió a beber su güisqui

F: Ya que hablamos de Lety, te quiero pedir un favor...

O: ¿De qué se trata?

F: Tú sabes que el próximo lunes me tengo que ir de viaje a Estdos Unidos, ¿verdad?

O: Sí

F: Bueno. Lo que pasa es que Lety tiene que ocuparse del proyecto de Turismo Gastronómico y, desafortunadamente, ese proyecto implica la presencia del güerito sonriente...

O: Pues sí, ya que fue él lo que lo propuso...

F: ¡Ya lo sé! ¡No me lo recuerdes!

O: ¡Calmate, Fernando! Híjole, ahora sí estás celoso...

F: ¿Y cómo no si el mendigo está detrás de Lety como perrito en celo?

O: ¿Y qué puedes hacer para impedirlo?

F: Nada... Pero tú puedes hacer una cosa por mi mientras que yo esté a Estados Unidos

O: ¿O sea?

F: Tienes que acechar a Lety...

O: ¿¡Qué!?


En tanto, en casa de Aldo, él y Marcia habían terminado de comer...

M: Estaba todo delicioso, Aldo; ¡Felicitaciones!

A: Gracias, Marcia. Me alegra mucho que te haya gustado

De repente en la sala bajó un silencio embarazoso. Durante la cena, los dos no habían hablado mucho, cómplice la platica que habían tenido por causa de Fernando. Sintiendose incomoda, Marcia decidió que había llegado la hora de regresar a su casa. En el fondo, el reloj marcaba casi la medianoche y ella tenía que ir a trabajar el día siguiente.

M: Creo que llegó la hora que regrese a mi casa...

A: ¿Ya te quieres ir?

Marcia quedó un momento anonadada. Ella pensaba que Aldo estaba enojado, después de la platica sobre Fernando, pero no parecía ser así, según el actual actitud del chef. Como sea, ella tenía que regresar a su departamento.

M: Es que se hizo tarde y mañana tengo que trabajar...

A: ¿No será, en vez, que no quieres hablar del beso?

La cara de Marcia se puso roja como tomate

M: Es que ese beso fue...

A: ¿Qué fue?

Marcia suspiró hondo antes de contestarle

M: Fue un error, Aldo... Yo soy una mujer comprometida y no debía actuar así como lo hice y por eso te pido disculpas.

A: No pasa nada, Marcia, no te preocupes...

En realidad Aldo había quedado mal por esa explicación de Marcia. Era cierto que ella estaba comprometida, y que no debía besar a otro hombre, pero, para él el beso no había sido un error sino el momento más maravilloso del día. Como sea no quería incomodar a Marcia así que decidió actuar como si no le interesara.

A: Dame un segundo que me pongo mi abrigo y te acompaño

M: No, Aldo, no es necesario... Yo tomo un taxi

A: ¡Ni se diga, Marcia! No voy a permitir que te vayas a sola a esta hora de la noche!

Marcia enrojeció. A pesar de todo, Aldo seguía portandose como un caballero con ella.

M: Está bien...


Una vez llegados delante al departamento de Marcia, la productora ejecutiva le agradeció otra vez a Aldo por todo lo que había hecho por ella ese día y, antes de bajar del coche, le dejó un beso a la esquina de la boca.

Cuando Aldo la vio entrar en su departamento, se acarició la cara en el punto donde Marcia lo había besado y sonrió: en el fondo esa no había sido una mala jornada...

La mañana siguiente empezó de buena hora para Alicia, ya que los médicos tenían que repetirle unas análisis. Esa noche, como la anterior, había dormido serena y tranquila gracias a Tomás que no la había dejado a solas ni por un segundo. A pesar de que el médico estaba contrario a que él se quedara a dormir con ella, Alicia se había impuntado tanto, que el doctor no pudo que decirle que sí.

En efecto, ¿quién podía tener el valor de meterse en contra de Alicia cuando se enojaba?

Cuando la ginecóloga hizo su aparición en la habitación del hospital, el corazón de Alicia perdió un latido: había llegado el momento de la verdad.

Gin: Señora, es hora de repetir la ecografía. ¿Está lista?

Al oír esa pregunta, Alicia se paralizó. Era claro como el sol que no estaba lista para recibir semejante noticia. A pesar de que ella había decidido abortar, ahora sentía que empezaba a amar a esa criaturita inocente que tenía dentro de sí y estaba segura de que no hubiera sobrevivivo al enterarse que, por su culpa, esa criatura había dejado de vivir.

Viendola tan nerviosa, Tomás se acercó a su oído y le susurró dulcemente:

T: Chiquita, no te preocupes por tu bebito; estoy seguro de que está bien. Esta noche te portaste bien y lograste mantener la calma, así que verás que todo saldrá bien

AF: ¿Estás seguro, Tomás?

T: ¡Claro que sí, Alicia! Ahora, pero, respira profundamente y tranquilizate así nos vamos

AF: ¿Vienes conmigo?

T: Claro que sí, chiquita. Ya te dije que no te voy a dejar

AF: Gracias Tomy...

Gin: Siento mucho interrumpirlos, señores, pero tengo otras visitas que hacer así que debemos movernos

T: Claro doctora...

Una vez en el estudio del médico, la ginecóloga le levantó la camiseta a Alicia, descubriendole el vientre, y le puso el gel que servía para la ecografía. Al oír esa cosa tan fría, Alicia susultó

T: ¿Qué pasa, chiquita?

AF: Nada... Es que se me hace raro sentir esta cosa tan fría en mi estómago

Gin: Bueno, sí, es un poco fastidioso, pero es necesario para la ecografía. Seguro no ha de ser la primera vez que se hace una ecografía...

Alicia se avergonzó. En efecto, esa era la primera ecografía que se hacía desde que supo que estaba embarazada, sin contar la de la noche anterior....

AF: En realidad es así... Antes de ayer, jamás había hecho ecografías

Gin: ¿Y cómo se enteró de que estaba embarazada?

AF: Es que, como el mes pasado me saltó mi ciclo, me hice una prueba casera, que resultó ser positiva, y además me hice las análisis de sangre que confirmaron mi embarazo

Gin: Entiendo...

Mientras la escuchaba hablar, Tomás estaba boquiabierta. ¿Por qué Alicia no le había confiado que estaba embarazada? ¿Acaso tenía miedo de que él se espantara y la dejara tal y como lo había hecho Omar Carvajal a su tiempo? ¿Y si esta vez también se trataba de un hijo de Omar? Por el momento no era importante; lo único que él debía hacer, era tranquilizar a su chica así que le acarició sutilmente la espalda y entrelazó su mano con la de ella.

Hasta ese momento, Alicia había conteniendo la respiración hasta que advirtió el calor que emanaba la mano de Tomás entrelazada con la suya. No sabía como le hacía, pero ese hombre siempre lograba tranquilizarla.

Después de unos minutos, durante los cuales la doctora estaba analizando algo en el ecógrafo, la misma volteó la pantalla del mismo hacia los dos.

Gin: Señora, ¿ve ese puntito blanco?

AF: Sí...

Gin: Bueno, ese es su bebé

AF: Mi... Mi... ¿bebé?

La voz de Alicia temblaba

Gin: Precisamente

Alicia acercó una mano a la pantalla y acarició el puntito blanco. En ese momento, lágrimas de felicidad empezaron a caer desde sus ojos mejillas abajo

AF: Mi bebé...

Tomás también se había emocionado al ver ese puntito en la pantalla y hasta sintió que sus ojos se empañaban. Cuando recuperó el don del habla, le preguntó a la doctora el estado de salud del bebé:

T: Doctora, ¿El bebé está bien?

Gin: Su hijo logró superar la noche...

Tomás advirtió un escalofrío correrle por toda la espalda cuando la doctora dijo que el bebé era su hijo. Desafortunadamente el momento de felicidad le duró muy poco, ya que la ginecóloga tuvo que añadir algo bastante preocupante:

Gin: ...pero, como ya le dije, el embarazo de la Señora Ferreyra es un embarazo de alto riesgo.

De repente Alicia quitó la mirada desde la pantalla del ecógrafo para dirigirla hacia la ginecóloga

AF: ¿Y eso qué quiere decir?

Gin: Quiere decir, Señora, que, como ya le dije a su esposo, usted tiene que mantener el riposo total hasta la duodécima semana de embarazo

AF: ¿Eso quiere decir que no puedo ir a trabajar?

Gin: ¡En la manera más absoluta! Usted tiene que quedarse tranquila, acostada en su cama y observando el reposo completo para las próximas dos semanas

AF: ¿Y cómo le hago con el trabajo? ¡El tlacoyo me va a despedir!

T: ¡Ay como crees, Alicia! Yo me encargo de hablar con Lety, no te precupes. Lo único que tienes que pensar, es que tu hijo esté bien. Del resto me encargo yo...

A la ginecóloga le pareció raro el hecho que Tomás hablara del bebé definiendolo hijo de Alicia y no hijo de los dos. ¿Acaso él no era el padre?

Gin: Señor, perdón por la pregunta, pero ¿usted no es el padre del bebé?

Tomás bajó la mirada y lo mismo hizo Alicia

T: No...

Gin: ¡Entonces no puede estar aquí! ¡Salga de inmediato de mi consultorio!

T: No puedo; yo tengo que estar con mi chica

AF: Tomás, haz lo que te dice la doctora y esperame afuera

Tomás la miró boquiabierta

T: ¿Estás segura, chiquita?

AF: Sí...

Viendo la actitud de Alicia, la doctora entendió de inmediato que quería hablar a sola con ella...

Cuando Tomás salió del consultorio, la doctora no perdió tiempo en preguntarle:

Gin: ¿Qué es lo que me quiere decir?

Alicia quedó boquabiera

AF: ¿Cómo sabe que tengo algo que decirle?

Gin: Pues, hizo salir a su... ¿Esposo? para quedar a sola conmigo...

AF: Sí, cierto...  Como sea Tomás no es mi esposo.

Gin: ¿Es su novio?

AF: Tampoco.

Gin: Perdón pero... ¿Quién es?

AF: Es el padre de mi bebé

Gin: ¿Entonces por qué él dice que no es el padre? ¿Acaso no quiere al bebito?

AF: ¡Claro que lo quiere! ¿Cómo cree usted que Tomás no quiera a esta criatura?

Gin: Es que no entiendo...

AF: Lo que pasa es que él no sabe que el bebé que llevo en el vientre es su hijo

Gin: ¿Y por qué no se lo dijo?

AF: Porqué Tomás es la persona mejor del mundo y se merece a una mujer buena, honesta, y sobretodo que lo ame y que lo haga feliz, y yo no soy nada de eso... Yo no soy la mujer para él... ¡No me lo merezco!

La ginecóloga sonrió. Era claro que Alicia debía amarlo mucho para tomar una decisión tan importante

Gin: Usted lo ama, ¿verdad?

Alicia lo pensó un momento y, antes de contestarle, se acarició la barriga y luego, mirandola en los ojos, le respondió sin duda alguna:

AF: Profundamente.

Gin: Entonces Tomás tiene que saber la verdad

AF: ¡No! ¡No quiero que él se sienta obligado a estar conmigo por el bebé!

Gin: Señora, por lo que vi, ese hombre la ama incondicionalmente. Fijese que, hasta sabiendo que no es el padre de la criatura, se quedó aquí con usted ¡y hasta la acompañó durante la ecografía! ¿Cómo cree usted que se sintió a estarle cerca en este momento tan delicado, sabiendo que el hijo que trae dentro de sí no es suyo?

Alicia bajó la mirada avergonzada

Gin: Creeme cuando le digo que ese hombre haría cualquier cosa por usted

AF: ¿Usted cree?

Gin: ¡Claro que sí! Y creo que un hombre así, se merece saber que es el padre de la criatura que lleva en el vientre... Pienselo...


En tanto, en la otra parte de la ciudad, Fernando estaba listo para salir y dirigirse hacia Conceptos, cuando alguien sonó la campanilla de su casa

F: ¡Ya voy!

Cuando abrió la puerta, en su cara se dibujo una sonrisa de oreja a oreja

F: ¡Lalito!

E: ¡Hola Fernando! ¿Cómo has estado sin mi?

F: Ay Lalito, ¡no sabes cuanto te he echado de menos! ¡Menos mal que regresaste!

E: Te lo había prometido, Fer, y como ves estoy aquí y te traigo buenas noticias

F: ¿En serio?

E: Aha...

F: ¡Que bueno! Pero ven, pongamonos cómodos...

Una vez sentadose en el sofá, Lalo le contó las últimas novedades con respeto a sus plan

E: Antes de regresar a México, me fui a Acapulco para resolver unos asuntos, y  encontré a un juez que ahí trabaja...

La mirada de Fernando se iluminó

F: ¿Y qué dijo?

E: ...

F: ¡Por Dios, Eduardito, habla o me voy a morir!

E: Ja ja ja ¡Calma Fernando, calma! Dijo que está dispuesto en ayudarlos y que está disponible para la fecha que me dijiste

F: ¡No lo puedo creer!

Fernando brincó en su sitio y luego abrazó a Eduardo tan fuerte, que el pobre casi no lograba respirar

F: ¡Gracias, Lalo! ¡No sabes cuanto te lo agradezco!

E: No tienes nada que agradecerme, Fer. Sabes que te quiero y que quiero verlos felices

F: ¡Como sea me hiciste el día, brother! ¡Ay, no veo la hora que todo esté listo!

E: Yo también. ¿Y con las otras cosas cómo estás metido?

F: Pues...

E: Fernando, ¡no me digas que aún no te hiciste las análisis!

F: No... Hablé con una enfermera que me dijo que podía ir cuando quería y que no es necesario que vayamos junto los dos

E:  ¿Y cómo piensas hacer con Lety, sin que ella se de cuenta?

F: Para eso tengo una idea

E: Tengo miedo de preguntar, pero ¿de qué se trata?

F: Verás, es que Lety, el próximo lunes, tiene una visita con su doctora para hacerse un chequeo, así que quiero pedirle a la doctora si puede hacer pasar esas análisis como análisis prematrimoniales

E: ¿Y tú crees que ella va a aceptar?

F: Eso espero...

E: ¿No sería más fácil pedirle la mano a Lety y hacer las cosas como se debe?

F: Eso es lo que querría hacer, Lalo, pero, cuando hablé de matrimonio con Lety, ella me dijo que por ahora, por causa de los problemas de la empresa, no quiere pensar al matrimonio y más porque aún tengo que seguir ese teatrito con Marcia, por lo menos hasta que pagamos la dichosa deuda

E: ¿Y si Lety no acepta casarse contigo?

F: ¡Híjole, brother! ¡Qué positivo eres!

E: Perdoname, Fernando, pero, por lo que acabas de decirme, ella todavía no quiere casarse contigo...

F: Por eso va a ser un matrimonio en secreto... Por ahora quiero casarme con ella por el civil, sin que nadie lo sepa, y luego, cuando las aguas estarán más calmadas, nos vamos a casar en la iglesia, junto a las personas que queremos y como Dios manda

E: ¿Y no puedes esperar hasta que las aguas se calman por casarte con ella?

F: No, Lalo... Mira, si la situación fuera distinta, no tendría toda esa prisa, pero, desde que aparició ese chefito güerito, tengo miedo de que me la quite...

E: ¿O sea que te casas con ella por miedo de que se vaya con el chefito ese?

F: También; pero no solo por eso... Mira Lalo, Lety es la mujer de mi vida y estoy seguro al cien por ciento que no quiero estar con ninguna otra mujer que no sea ella. Yo la amo como jamás he amado a nadie en toda mi vida...

Lalo pudo constatar como la mirada de Fernando brillaba cada vez que hablaba de Lety. Jamás en su vida había visto a su amigo tan enamorado y, si casarse con Lety lo hacía feliz, entonces él lo hubiera apoyado en todo lo que necesitaba.

Sigue...

  


2 comentarios:

  1. Muy bueno el capitulo, síguelo please. Feliz Año!!!

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    1. ¡Feliz año a ti y muchìsimas gracias, preciosa! :)) Apenas publiqué el capìtulo 71 ;)

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